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No se paga con dinero

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 29 septiembre 2015

Hace poco me enteré del galardón otorgado a un médico muy querido y respetado por mí. Al condecorarlo con la Orden de Malta en la Universidad de Notre Dame, Filadelfia, por su gran labor sin fines de lucro en favor de muchas personas operadas en República Dominicana.    

 Es un galeno a quién le tengo un agradecimiento eterno por su trato como un ser humano para con un paciente y su don de gente, en un momento muy difícil de la vida de mi familia y la propia.  No solamente con su cuidado, esmero y seguimiento en mi situación visual sino en la recomendación atinada de personas que, al igual que él, tenían el mismo corazón y trato para con el paciente.
   
Por el hecho que no tengo su autorización para expresar su nombre por eso me remito a comentar el hecho, en respeto a guardar la confidencialidad.
   
Vivo convencido que la sensibilidad ante un problema de salud no lo consigues ni siquiera con dinero.  Ese sentimiento es cada vez más difícil de encontrar, no sólo en el ámbito médico, lo podemos ver como parte de una sociedad que cada día se debate entre lo material, el egoísmo, la ambición y la otra parte de la sensibilidad, solidaridad, y respeto por el dolor, sufrimiento o situación ajena.  Es como si el consumismo o el materialismo, se hayan tragado como parte principal lo que uno llama la parte importante de toda persona, el ser un humano o comportarse como ser humano.  
   
No puedo olvidar, que por recomendación de ese doctor amigo, del cual menciono el mérito de que fue objeto, para que visitara un especialista que me pudiera resolver el problema de la mandíbula que por los disparos recibidos en el año 2010, uno de ellos que entró por el lado izquierdo de la cara, el calor de la bala, había provocado que la misma  impidiera que pudiera abrir de forma normal la boca.  Una vez visité ese profesional y verificar lo que tenía, me indicó que debía volver a mi país hasta que tomara mayor cantidad de libras, ya que producto de no poder abrir la boca de forma completa, había perdido más de treinta libras y en esas condiciones no podía resistir una operación.  Prefirió darme unos ejercicios en lo que estuviera aquí, en el país, y fijamos tres meses para volver y determinar la operación, porque entendía que era un problema óseo, por la rotura que había provocado uno de los disparos.

Así procedí hacerlo, cada cierto momento, el día completo, hacía mis ejercicios y terapia como lo había indicado el doctor.  Una vez llegado el tiempo, y después de haber buscado otras opiniones, ya que la intervención tenía riesgos muy altos que comprometían la visión del único ojo que me quedaba y tengo, viajé nueva vez a los EEUU con la intención decidida de operarme el área maxilar izquierda, remover los huesos y que se pudiera resolver abrir la mandíbula. Una vez, en el consultorio, y mientras me encontraba en compañía de mi esposa, Katty, el galeno se quedaba fijamente observándome mientras hablaba y procedió a chequearme y medirme el ancho de cuánto abría la boca y constató que había logrado abrirla centímetros más.  Viéndome directamente a los ojos, me indicó y dijo: “señor Veras, por lo que veo el problema suyo no es óseo, sino muscular, por lo que no tengo necesidad de operarlo, con unos ejercicios y terapia por un tiempo puede volver abrirla de forma casi normal”.  Bien pudo este especialista, cobrar la operación y ganarse su dinero, no me conocía ni nunca me había visto, pudo haberme operado, luego decirme que había sido producto de la misma que había logrado el objetivo,  
   
Cuando escuché aquellas palabras, le agradecí a  Dios por su presencia en ese momento y porque siempre me había tenido a la mano médicos con gran capacidad intelectual, pero sobretodo, con un corazón y una bondad digna de una persona que se comporta como un ser humano, con sensibilidad.   
   
Pero eso no es solamente visto en el ámbito de la salud, como indiqué más arriba, sino que tiene mucho que ver cómo se va desarrollando una sociedad.  A propósito de lo que fue expresado en la ONU, en este fin de semana, el Editorial del Listín Diario, expresó en el día de ayer, lo siguiente: “¿Y de la otra pobreza, qué?”
   
“De la pobreza del espíritu, que tiene un común denominador, el vacío existencial, que se nutre de todas las frustraciones del ser humano, los que ganan más y los que ganan menos de esa cantidad, y que tiene su expresión concreta en múltiples formas”.
   
“Por ejemplo, ¿qué hace la sociedad para rescatar a millones de jóvenes que, saturados por tecnologías y productos adictivos, han tirado ya la toalla y se sumergen en un mundo irreal o virtual para escapar de sus frustraciones o a ese “vacío existencial” que sellan su paso por la vida?”
   
“¿Por qué se inhiben de actuar de cara a las realidades, sean buenas o ingratas, que nos trae la vida? ¿Por qué parecen desinteresados de pensar y discernir con cabeza propia y no vivir sojuzgados a ideas y mensajes tan negativos, como si fueran dóciles marionetas?”
   
“Es un hecho que en nuestro país, como en otros muchos, sube en espiral el suicidio, el inmovilismo social y mental, el adocenamiento cultural y las conductas que hacen devaluar la vida humana, tal como lo apreciamos en lo fácil que otro mata al prójimo por cualquier tontería o en la grave incomunicación oral que separa a padres de hijos atrapados en el embrujo adictivo de las computadoras o los videojuegos, sumidos en un mundo de violencias, aberraciones y puras fantasías y en la más absoluta vagancia, sin descubrir que se han convertido en parásitos sociales”.
   
“Esa es la otra pobreza”.
“La pobreza espiritual que nunca medimos, aunque la palpamos y no nos atrevemos a “ver” y enfrentar responsablemente. Es la pobreza que hoy consume a miles de nuestros adolescentes y personas jóvenes haciéndolos pensar que “mi vida no tiene sentido”, porque nunca han pretendido buscarlo ni asumir todos los deberes o porque creen que no hay más caminos de salvación”.

Cuando veo el ejemplo con el que inicié el presente artículo, del doctor amigo que fue condecorado por su sensibilidad y entrega por aquellos que a pesar, de no tener los recursos, hace posible que puedan o recuperar la visión o que no la pierdan o que no se les complique.  Es una muestra de esperanza de que si es posible mantener la fe de que es posible rescatar esta sociedad en la que se le está dando mayor promoción: a lo material, apariencia, egoísmo exagerado, lo fácil sin esfuerzo, el engaño, la estafa, entre otros.  
   
Hay cosas en la vida, como el encontrar en tu camino personas con el toque de la sensibilidad, entrega y el toque de humanidad, en cualquier ambiente o situación, no se consigue con el dinero, de gracias a Dios cuando en su camino, eso lo puedes palpar j o recibir de otra persona.