Ultima Actualización: lunes 16 julio 2018  •  10:00 PM

Estado, gobierno, delincuencia y el deber

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  domingo 1 julio 2018

Muchas personas, quizás millones, tienen la confusión de que cuando se cita al Estado, creen que es lo mismo que el gobierno y no es así.

Todos los ciudadanos formamos parte del Estado, pero sólo una parte es integrante del gobierno. Pero sí todos deberíamos tener responsabilidad para que el país funcione lo mejor posible.

Pero también hay funcionarios oficiales que hablan como parte de un Estado, que es la sociedad en su conjunto, cuando en realidad son asalariados del  gobierno al cual deberían ayudar con sus buenos aportes.   

Es por esa razón que muchas veces se lee o se escucha a un diputado, gobernador u otros funcionarios del gobierno, pedir públicamente que se solucione un problema en una determinada comunidad, cuando son ellos los que deberían encabezar comisiones para visitar a los responsables de resolver el o los  problemas de su localidad. 

Prefieren usar los medios de comunicaciones para pedir las cosas que las comunidades necesitan, que irse a reunir con el Presidente de la República, ministro, el director, el alcalde municipal u otros. ¡La gestión juega un papel preponderante en cualquier administración!

Si el problema es de un alcalde municipal, éste debe hacer la gestión en Obras Públicas, para poner un ejemplo, y no hacerlo a través de los medios de comunicaciones, para sólo complacer a los demandantes, pero sin ningún resultado, en virtud de que no todos los funcionarios ponen atención a ese tipo de llamado.

Hay mucha dejadez entre muchos funcionarios, algunos  de los cuales no imitan al Presidente Danilo Medina. Si la mayoría de funcionarios hiciera los contactos con la gente que hace el jefe de Estado, la República Dominicana fuese un país casi libre de delincuencia y los demás problemas comunitarios fuesen más pequeños.

Hay Municipios donde se dice que lo policías les tienen miedo a los delincuentes. Nosotros pensamos lo contrario. Se podría decir que los salarios son bajos y se requiere de una mejoría. ¡La casa del delincuente debe ser la prisión!, aunque siempre habrá que aplicar medidas extremas.

Pero un salario bajo no es motivo para que un uniformado o un civil se convierta en delincuente, aunque incide en una mala decisión personal. Es recomendable, al 100 por ciento, que los agentes eviten vincularse con los delincuentes para delinquir, porque al final todo se descubre y su final es la destitución, la prisión, el hospital o la muerte en enfrentamientos con los soldados honestos. 

Pero la delincuencia es preocupante, no sólo en este país, sino en el mundo, comenzando con la nación más poderosa de la tierra, llamada Estados Unidos. Las grandes ciudades, que tienen más soldados (policías y guardias), deben trabajar más en la prevención que haciendo aparatajes, apoyados por muchos vehículos y otras propiedades.

Pensamos que si no hay un cambio en la mentalidad en la Policía Nacional, ésta podría estar en camino de su reestructura usando a militares y agentes que se pensionaron o fueron pensionados antes de tiempo, para que les sirvan  ocho o diez años más. Pero siempre esperamos contar con cuerpos armados íntegros casi totalmente y que sean ejemplos para el mundo. 

Sostenemos que más del 90 por ciento de los uniformados son fieles servidores de la patria, pero hay menos de un 10 que “pudren los mangos”. Las mejoras, en cualquier institución, no se logran cambiando al personal de un lugar a otro, sino con buenas estrategias, en virtud de que el que no sabe dirigir aquí, tampoco lo hará mejor allí.

Es muy peligroso integrar a jóvenes a las entidades armadas sin conocer sus historiales, que es uno de los graves problemas que tiene la Policía.  El método de la represión es importante, pero se requiere de la concientización ciudadana.

Pensamos, para poner un ejemplo, que en un Destacamento de la Policía, donde hay siete miembros, debe cambiarse la estrategia que se utiliza hoy, porque no está dando buenos resultados.

En vez de que tengamos a siete policías en un Destacamento, es mejor dividir el territorio  de mando y en cada área designar como comandante a un agente, el cual debería trabajar junto al alcalde pedáneo, de miembros de la Junta de  Junta de Vecinos, del club de la comunidad, los sindicatos y otras instituciones, para formar un Comité de vigilancia.

Éste funcionaría en la casa del alcalde o de otro colaborador. Como se hará lo mismo en el territorio vecino, que ya serán dos agentes, éstos uniformados, en motocicletas, podrán juntarse y recorrer la zona periódicamente, apoyados, si ya está el servicio, por el 9-1-1.

Así podrán tener los controles, debido a que los comunitarios estarán comunicándoles la llegada de vehículos extraños o personas.  

Siendo así, los policías, cuando haya actividades masivas en el centro de la población, podrán trabajar en las mismas, pero los vigilantes en sus comunidades estarán trabajando, no sólo para cumplir con un deber, sino para defender a sus localidades de los delincuentes.

Pero para eso hay que contar con comandantes honestos. Si éstos no tienen esa cualidad, no hay operación de vigilancia que produzca buenos resultados.

También hay que trabajar, fundamentalmente para las partes urbanas, con los alcaldes municipales, los Clubes Rotarios, las Asociaciones de Comerciantes, los industriales y otros sectores incidentes. ¡Y como muchas veces éstos son víctimas, lo harán con más facilidad! En las grandes ciudades también hay que aplicar metodologías funcionales, que son más fáciles, porque las condiciones son mejores.

La solución consiste en integrar a la comunidad a la lucha en contra de la delincuencia y el desarrollo colectivo. ¡Es por ahí que está la esperanza!

El tipo de estrategia para los Municipios aporta otra solución, como es la de hacer comandantes comenzando desde la base inicial o media, o lo que es lo mismo, se les enseña a comandar. El teniente tendrá más conocimientos para dirigir un Destacamento, una compañía, una Inspectoría en el futuro o para desempeñar otros cargos directivos.

¡Gracias por leernos!