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Que el ánimo de enero se mantenga

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 19 enero 2015

El mes de enero tenemos muchas expectativas, con nuestro espíritu entusiasta y decidido, como si naciéramos de nuevo, como si el destino nos diera una segunda oportunidad para rectificar y avanzar. Lo triste es que ese entusiasmo suele ser efímero y se esfuma con los vientos carnavalescos.

Cuando inició, nos reíamos con todos, abrazábamos efusivamente a media humanidad y felicitábamos hasta a los desconocidos. Nuestro corazón era un símbolo de pureza.   Estábamos amables, nobles, decididos a esforzarnos para mejorar el pasado, que esos errores que cometimos no volverían a ocurrir.

Y en nuestra lista escribíamos decenas de aspectos que debíamos superar.   Entre los puntos, aparecía compartir más con nuestras familias, ser más tolerantes y comprensivos en nuestro lugar de trabajo, fortalecer los lazos con los amigos, ser más solidarios con los vecinos y luchar más para que nuestro pueblo avance como Dios manda, que esta última parte es esencial en quien aspira ser positivamente diferente.

Nuestra vida espiritual también tomaría otros rumbos. Nos acercaríamos más a Dios, visitaríamos con mayor frecuencia la Iglesia, participaríamos en grupos religiosos, amaríamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Lo académico por igual marcaba nuestros propósitos de año nuevo. Leeríamos al menos un libro cada semana, aprenderíamos idiomas, estudiaríamos economía, sociología u otra rama del saber, que ignorantes no podíamos quedarnos en un mundo competitivo.   

Pero lo terrenal no se quedaba atrás, en especial lo material y nuestra salud. En nuestra lista aparecían elementos que pensábamos nos permitirían mejores condiciones de vida, quizás una casa más cómoda, o un mejor televisor.   

Sobre nuestro cuerpo, jurábamos que desde el mismito enero no habría más excesos de comidas y que iríamos a caminar al menos cuatro veces por semana.

Estos días han sido de esperanza, de renovación, de estímulo, de fe en nuestro porvenir. No olvidemos enero, sobre todo su nacimiento. No caigamos en la trampa de continuar con lo cotidiano que no funciona, con los problemas que no superamos, con el amor que no entregamos, con el servicio que no ofrecimos, con los sueños que no cumplimos. No dejemos que enero y luego muera en febrero.